Introducción
En México, entre el siglo XVII y finales del XIX, la educación de las mujeres en contextos urbanos y en los estratos medios y altos difería de la impartida a los hombres. Mientras ellos podían acceder a estudios avanzados, la instrucción de las mujeres se limitaba a la lectura, escritura, economía doméstica y labores manuales, con el propósito de prepararlas para la administración del hogar. En contraste, en las zonas rurales, el acceso a la educación formal era escaso y las mujeres desempeñaban un papel activo en la economía agrícola y familiar.
Como parte de este aprendizaje, se fomentó la enseñanza de las denominadas “labores de manos”, prácticas realizadas con hilos y agujas que eran valoradas no solo por su utilidad, sino también por el desarrollo de destrezas asociadas a la precisión, la paciencia y la creatividad.

Imagen: Dechado. Autoría desconocida. Siglo XIX. Hilo de seda bordado sobre lino. Colección Museo de Historia Mexicana
En este contexto surgieron los dechados, piezas textiles que funcionaban como muestrarios de bordado.
De acuerdo con el Diccionario de la lengua española, el término “dechado” puede definirse como: “Muestra para copiar”; “Paño con distintas muestras de costura o bordados para aprender a coser” y “Ejemplo y modelo de buenas cualidades o de maldades. Un dechado de virtudes”. Estos elementos pedagógicos permitían a las alumnas perfeccionar diversas técnicas textiles y desarrollar habilidades aplicables en el entorno doméstico y, en algunos casos, en actividades económicas.
Los dechados tienen sus primeros registros en Egipto durante los siglos XIV y XV, y en Europa desde el siglo XVI. Introducidos en América durante el virreinato, fueron parte de la educación en colegios y conventos hasta principios del siglo XX. Además de su función técnica, constituyen testimonios materiales de la enseñanza de las mujeres y de la transmisión del conocimiento textil a través de generaciones.
Los dechados se elaboraban con puntadas básicas como punto de cruz, hilván y festón. En el siglo XIX, sus diseños evolucionaron con motivos nacionalistas e influencias francesas e inglesas. Además, comenzaron a incluir abecedarios, números y frases sentimentales, consolidándose como una herramienta educativa integral.
En el ámbito escolar, los dechados incluían el nombre de la alumna, su maestra, la fecha y el lugar de realización. Su amplia producción en la época explica la gran cantidad de ejemplares conservados en distintos acervos.
El Museo de Historia Mexicana resguarda una valiosa colección de dechados del siglo XIX, testigos materiales de la educación, la economía y la vida social de su tiempo. Más que simples ejercicios de bordado, estas piezas constituyen documentos históricos que preservan la memoria de una práctica fundamental en la formación de las mujeres, permitiéndonos comprender con mayor profundidad la cultura material de la época.

Imagen: Dechado (detalle). Anita Herrera. 1857. Hilos de algodón y seda bordados sobre lino. Colección Museo de Historia Mexicana
Fuente:
3MuseosNL. (16 de octubre 2015). Conferencia inaugural. Dechados de virtudes. Mtra. Mayela Flores Enríquez [Archivo de video]. YouTube https://www.youtube.com/watch?v=6XOyu3ckG9Y
“Dechado de virtudes. Historias de labores femeninas siglos XVIII-XX”.